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Fragmento del Volumen II de las Crónicas de Ílares
El mundo está roto.
Las leyendas cuentan que en el lejano pasado el ahora llamado Mundo Conocido no era más que un fragmento de un mundo mucho mayor. Un terrible cataclismo provocó su división en múltiples partes, separando mares, rompiendo continentes, destruyendo fronteras. Nadie parece conocer la causa de semejante destrucción pero en mis viajes he visto un cierto orden en el aparente caos: en torno al Mundo Conocido se alza una colosal cordillera montañosa cuya altura se pierde entre las nubes. Aún con la poderosa magia de Nalen, sin cuyas habilidades y conocimientos hace ya tiempo que habría muerto, nos llevó días alcanzar la cima. Envueltos en su magia protectora contemplamos atónitos la verdad.
Los demás fragmentos del mundo, ahora llamados los Mundos Lejanos, trazaban un intrincado patrón en torno al Padre, a quien debemos la luz y la vida, y la Madre, la guardiana nocturna siempre pendiente de su hijo. Todos los Mundos danzaban una suerte de melodía cósmica en torno al sol y las dos lunas, algunos muy cerca de otros como anhelando reunirse de nuevo, y otros muy lejanos, como si repudiasen a sus hermanos.
Lloré, pues el temor invadió mi cuerpo ante la mera idea de un ser con poder suficiente para realizar tan titánica tarea. Y sobre todo: ¿por qué?

Alma, Hechicera de la Orden Carmesí,
discurso de graduación en la Academia Arcana
Llegamos del desierto tras atravesar las Puertas del Mundo. Y nuestro primer encuentro fue con los temibles Raksasha. Su poder les hacía orgullosos, convirtieron a muchos en esclavos y nos atacaban sin piedad. Pero ni las garras de estos hombres tigre, ni su poderosa magia, pudo detenernos. El poder que les daba su fuerza pronto fue nuestro. Ocho de los hombres más sabios se hicieron con el conocimiento mágico de los Raksasha. Y estos ocho entrenaron a otros ocho, que a su vez tomaron discípulos a su cargo.
Cuando los ocho Archimagos y el resto de hechiceros se unieron a la lucha, el curso de la guerra cambió. Los Raksasha, sus Casas divididas por juegos de poder, se vieron obligados a replegarse cada vez más al norte. Tras décadas de terribles luchas los Hombres nos hicimos un lugar en el mundo.
Por aquel entonces nuestras túnicas estaban siempre manchadas de sangre. Y ahora vosotros, que ya no sois Iniciados sino verdaderos Magos, podéis vestir orgullosos la Capa Carmesí. Utilizad vuestro poder sabiamente. Vuestros amigos, familiares y reyes os necesitan.
Último mensaje recibido de Kerante,
espía de un Señor de la Guerra desconocido
Mi Señor:
Vuestras sospechas eran ciertas. Ahora que las demás razas ya no suponen un peligro para nuestra supervivencia los pueblos están empezando a unirse en alianzas. Patrullas de hombres armados vigilan los caminos y muchos pueblos siguen fielmente a otros tantos Héroes, campeones de mil batallas, cuyos consejos acatan sin discusión.
Intentaré infiltrarme en los pueblos que rodean vuestro territorio para informaros de sus avances. Que vuestros propios ejércitos y diplomáticos se preparen.
Es la guerra.
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